Entrevista a Anabel Samani

08.11.2020

-CLARISSA- 

Hola, Anabel, ¿qué tal? Es un honor poder entrevistarte de nuevo con motivo de tu última novela, El mordisco de la medianoche, un título muy evocador, excitante, y... ¡aterrador!

-ANABEL-

La medianoche siempre me ha parecido un momento mágico y quería que en todos los relatos jugara un papel. A partir de ahí el título se me ocurrió sin que recuerde muy bien cómo, pero me gustó mucho y se quedó casi sin que yo lo decidiera.

-CLARISSA-

Me ha gustado mucho el planteamiento de tu novela, su estructura. Con esto me refiero a que no es una simple colección aleatoria de relatos inconexos, sino que existe un hilo conductor: la protagonista. Eleonor es la encargada de leernos, a nosotros y a su difunta abuela, cada historia llegada la medianoche. Además, ella también tiene una interesantísima historia personal, que sería como el séptimo relato de tu libro. ¿Cómo fue el proceso que te llevó a plantearlo de esta manera?

-ANABEL- 

Siempre me ha gustado la idea de que en un libro de relatos haya algo que conecte las historias, puede ser un tema (como, por ejemplo, ocurre en Dark Water, de Koji Suzuki, con el agua), o puede ser uno de los relatos (como en Las mil y una noches). En El mordisco de la medianoche aparecen las dos conexiones.

-CLARISSA-

Pues que sepas que me has inspirado mucho, hasta tal punto que me estoy planteando seriamente escribir una novela de relatos. Tengo la tercera parte de Chestnut Peak empezada, pero necesito un cambio de aires y dirigirme hacia nuevos horizontes, y qué mejor manera que esta. Creo que mañana mismo empezaré...

-ANABEL- 

¡Pues te animo a ello! Siempre se dice que el mundo de los cuentos no tiene buena salud, que hay pocos escritores que lo cultiven y pocos lectores que lo apoyen. Pero para mí no hay nada mejor que un buen cuento: el relato tiene la magia justa, ni más ni menos. Y hay grandes escritores que lo defienden a capa y espada, como Neil Gaiman o Stephen King.

¡Ten cuidado! Puede que te hagas adicta, también a su lectura (risas).

Ahora, eso sí, ¡no nos dejes con la intriga mucho tiempo de cómo acaba la historia de Chestnut Peak!

-CLARISSA-

Ahora mismo la tercera y última parte de Chestnut Peak necesita madurar en mi cabeza, pero sí, intentaré no tardar demasiado... ¡Prometido!

Volvamos a ti... Imagino que querrás saber qué relato de El mordisco de la medianoche me ha gustado más. Pues no ha sido nada fácil decidirme porque, sinceramente, todos están muy bien.

Cuando leí El cuadro, que es el cuarto relato, pensé que ese sería mi favorito, pero luego llegó La semilla que, según tengo entendido gracias a la nota que hay al final de la novela, pensaste en transformar hace tiempo en una novela de "tamaño estándar", ¿verdad?

-ANABEL- 

Sí, es un relato bastante largo; en realidad, por extensión en número de palabras se consideraría novela corta. Durante un tiempo pensé en contar ciertas tramas que no están en el cuento. Por ejemplo, sé que el hijo de cierto personaje es un asesino. Pero me parecía que contar estas tramas secundarias robaba intensidad, brillo. Para mí, la historia es mejor como relato que como novela. Como te dije antes, tiene la magia justa para funcionar.

-CLARISSA-

Pues La semilla me pareció realmente bueno, muy trabajado, y pensé que entonces ese sería mi favorito, pero claro, luego leí La muñeca nueva... ¿De verdad esa historia te llegó a través de una pesadilla? ¿Una muñeca te clavaba los dientes una y otra vez mientras dormías?

-ANABEL-

Sí. Fue una pesadilla recurrente que tuve en la infancia. Alguna vez hasta me desperté llorando. No sé de dónde nacería.

-CLARISSA-

¡Qué horror! Debiste de pasarlo muy mal... Yo también sueño mucho y tengo, sobre todo, muchas pesadillas. De hecho, algunas de las ideas que plasmo en mis novelas, me vienen de ahí. Un punto que tenemos en común.

-ANABEL-

Yo tengo sueños muy vívidos. Lo de soñar con intensidad es algo que he oído comentar a otros compañeros escritores. Parece que es un rasgo que compartimos al menos una parte de aquellos a quienes nos gusta escribir.

-CLARISSA-

Bueno, pero todavía no te he dicho realmente cuál ha sido mi relato preferido. Está entre los tres que he mencionado, sin embargo, no consigo decidirme, lo cual en sí es una buena respuesta para ti, significa que son tan buenos que es imposible elegir el mejor.

-ANABEL-

Pues sí, la verdad es que me alegro de que te hayan gustado tanto como para que no puedas elegir uno. El cuadro y La semilla son los más largos con algo de lovecraftiano. La muñeca nueva me parece que es un relato tan dulce como aterrador.

-CLARISSA-

¿Me equivoco al decir que Anabel Samani ama la naturaleza, los animales, y es también una gran aficionada a la ornitología? Te imagino muy bien dando largos paseos por praderas o bosques contemplando todo lo que pasa a tu alrededor con unos prismáticos colgando del cuello... Un poco como Diana en La cabaña, el segundo relato de tu novela.

-ANABEL-

No te equivocas. Amo la naturaleza y todo lo que alberga. De hecho, no solo los pájaros y otros vertebrados, también los insectos, arañas y demás bichos me apasionan. Fíjate que en mi casa las arañas gozan de una especie de bula: allí donde tejen su tela, se quedan.

-CLARISSA-

¡Increíble! ¡En mi casa sucede lo mismo!

-ANABEL-

Recientemente he descubierto que el escritor Adrian Tchaikovsky es también un bichólogo. Fue un placer leer su novela Spiderlight, en la que aparecen arañas, y en breve leeré Herederos del tiempo, en la que, según tengo entendido, aparecen arañas y otros artrópodos.

-CLARISSA-

En el relato La sombra y la pesadilla -gran historia, por cierto, me encantaría tener ese don...-, hay una perra llamada Prim. ¿Es un nombre inventado o tienes o tuviste una perra llamada así? Te lo pregunto porque, no sé si lo recuerdas, en mi novela Luces y sombras, primera parte de Chestnut Peak, hay una perra llamada Cordelia, y es una perrita que tuve hace ya algunos años.

-ANABEL-

No me acordaba de Cordelia. Es un nombre muy bonito. En mi mente siempre va asociado a Buffy Cazavampiros, una serie que no me perdía en mi adolescencia.

Pero no, mi compañera canina no se llama Prim; aunque ambas comparten muchas cosas, el nombre no es una de ellas. Prim es el nombre de la hermana de Katniss, la protagonista de Los juegos del hambre. Me pareció un nombre muy bonito, aunque primero se me vino a la mente y luego me di cuenta de dónde me había llegado la inspiración.

-CLARISSA-

Hablemos un poco ahora de lo que me ha hecho reír. Recuerdo, por ejemplo, esta frase:

«Estas nuevas memorias SSD son más rápidas que un rayo».

Y el posterior comentario de la prota:

¿En serio? ¿Más rápidas que un rayo? Espero que a partir de este momento se te ocurra algo que no esté tan trillado, o lo que escribas va a ser intragable.

Me reí mucho por lo que se dice a sí misma Tania, pero también por lo de las memorias SSD, y es que hace poco me compré un ordenador nuevo. Recuerdo que antes, al levantarme por las mañanas, lo primero que hacía era encender el ordenador porque tardaba una eternidad en arrancar. Me daba tiempo ir al aseo, darle el desayuno a mi cerdito Gizzmo y prepararme un café, y cuando volvía a mi despacho todavía no estaba el ordenador en condiciones de obedecerme. Ahora es todo lo contrario, primero hago todo lo que tengo que hacer, y ya después lo enciendo porque en tres segundos, sin exagerar, está operativo.

-ANABEL-

Lo mismo me pasaba a mí (risas). La verdad es que estas nuevas memorias son muy rápidas, como un rayo, jajaja.

-CLARISSA-

Otra frase: «En serio, Tania, empieza a buscar más símiles para el blanco que la nieve y las perlas o tu editora te va a matar».

¡Me pasa igual! Siempre que busco un símil para el color blanco, la nieve es lo primero que viene a la cabeza (risas). Debe de ser algo común a todos los mortales, ¿no crees?

-ANABEL-

Sí, probablemente (risas). Pero yo, al contrario que Tania, no tendría tanto remordimiento por usar ese símil. Me dejaría llevar por lo que la historia me pidiera en ese momento.

-CLARISSA-

Y ¿a qué hace se dedica Anabel Samani cuando no lee ni escribe?

-ANABEL-

Pues me gusta la vida sencilla. No soy de ir de fiesta, ni de cenas, ni de restaurantes. Paseo por los prados o por las montañas, y correteo con mi amiga canina.

-CLARISSA-

Eso suena ideal... 

¿En qué estás trabajando ahora o qué proyectos tienes para el futuro?

-ANABEL-

Siempre tengo varias historias entre manos. Pero he aprendido que es mejor no hablar de ellos, porque quizás dentro de tres meses se me venga una nueva historia a la mente y sea en ella en la que me centre. No se me da bien hacer planes: soy como los perros, sigo mi instinto en cada momento.

-CLARISSA-

En tu libro dices que ya no quedan territorios vírgenes, que la ciencia ha llegado más allá de lo que se creía posible y que, el mundo, tan globalizado, es terriblemente aburrido.

Es una triste visión que, desgraciadamente, también comparto. Creo que la inteligencia del ser humano, ese supuesto don que nos diferencia de los otros animales, es a la vez su perdición. ¿Cuándo entenderemos que no somos más que simples habitantes del planeta en vez de dueños absolutos?

Y en este sentido, ¿qué hace o haría Anabel Samani para mejorar el mundo?

-ANABEL-

¿Que qué haría yo para mejorar el mundo? Bueno, la verdad es que es una pregunta muy complicada y larga de responder, pero sí te puedo decir que en el día a día intento guiarme por la frase taoísta que dice "Buen caminante no deja huella".

-CLARISSA-

Me parece una respuesta perfecta para concluir esta entrevista. Gracias, Anabel. Espero leerte de nuevo muy pronto y te deseo mucha suerte, aunque no la necesitas.

-ANABEL-

Muchas gracias a ti. Ha sido un placer, Clarissa. Y un beso para Gizzmo 😊.