Lo que define a una llama, de G. G. Velasco

 "Un país al borde del colapso.
Una ciudad infestada de cenizas.
Un crimen sin explicación aparente...
Bienvenidos a la República de Noralbia".

Diré, a modo de prolegómeno, que no ahorraré en elogios para esta novela y su autor. Presa de la emoción y la admiración, empecé a idear esta reseña antes siquiera de finalizar la lectura y puedo proclamar con orgullo y sin rubor que G. G. Velasco es de ahora en adelante una referencia para mí y leeré con impaciente entusiasmo el resto de sus obras. Si pensáis que exagero en modo alguno, os invito a que comprobéis por vosotros mismos la veracidad de lo que afirmo descargando su novela o bien comprando la edición en papel, pues, desde mi más profunda y sincera opinión, no negaré la imperiosa y vital necesidad de tener esta joya entre las manos, tanto como lo es comer o respirar, y le otorgaré el lugar que se merece, haciéndole un hueco en el anaquel de las obras que han ido poco a poco definiendo mi vida.

Dicho esto, prosigo:

La historia se desarrolla en Puerto Corvino, capital de la República de Noralbia, una isla salida de la fecunda imaginación del autor que, con suma destreza, consigue dotar de gran realismo. Los cuervos, cuyos graznidos podemos oír, sobrevuelan la ciudad envuelta en niebla, atravesando un cielo sombrío y tenebroso pues el Kravan, volcán sobre el que se asienta Puerto Corvino, escupe sus cenizas casi sin receso produciendo lo que los lugareños conocen como la lluvia gris.

En medio de este ambiente preocupante y gótico conoceremos a Miranda Cadalso, inspectora de policía, y a su subalterno Expósito, un personaje con un humor a menudo desplazado y no siempre apreciado, que masca chicle sin parar y que tiene la bien arraigada mala costumbre de tutear a Miranda en horas de trabajo, hecho que tiende a irritarla. Este binomio de caracteres diametralmente opuestos se enfrenta a un caso tan singular como extraño, que sobrepasa todo entendimiento, con el hallazgo de una primera víctima medio calcinada que dará pasó a una compleja investigación que no tardará en derribar los límites entre realidad y fantasía. Miranda deberá, asimismo, enfrentarse a sus miedos e inquietudes, a sus demonios, y revivir dolorosos sucesos del pasado que le harán replantearse toda su existencia.

Como he dicho al principio, no ahorraré en elogios, y es que verdaderamente es de lo mejor que he leído en los últimos meses. Si lo que define a una llama, como dice su autor, no es dónde o cómo prende, ni siquiera la fuerza con la que lo hace, sino su voluntad de consumirlo todo. En otras palabras, su fuego, lo que define a G. G. Velasco es su genialidad y la belleza de su escritura. Es pulcra y esplendorosa. No hay palabra que sobre o falte, cada una está escogida con inteligencia, justeza y precisión para formar frases tan sublimes como poéticas:

"El mar, a sus espaldas, oscilaba en ondas de cresta espumosa acunado por un viento plácido y tibio".

G. G. Velasco se define a sí mismo como un hacedor de historias y entuertos a golpe de teclado, yo, en cambio, lo defino como un avezado hilvanador de emociones, pues con firmes y precisas puntadas va enlazando, con una facilidad desconcertante, las palabras sobre el papel, creando frases en las que recomiendo regodearse sin mesura para captar y sentir todo su alcance que va mucho más allá de lo puramente descriptivo.

"Ambas mujeres se escudriñaron sin decir nada hasta que la proximidad del llanto despuntó en sus respectivos reflejos".  

Antes de conocer a Miranda Cadalso y su equipo, conoceremos a Kirill Shiskin, un personaje clave y entrañable, y si los que leéis esta reseña habéis leído mi novela Chestnut Peak: Luces y Sombras, tal vez encontréis una similitud con uno de mis personajes... 

El prólogo, llamado La roca sagrada, fue lo que me decidió a leer el libro. Es una hermosa introducción con toques oníricos donde se habla de espíritus, chamanes, tótems, que traza con sutileza la silueta sobrenatural que tendrá el resto de capítulos.

No obstante, Lo que define a una llama sobrepasa la novela policíaca fantástica. Es una historia que en múltiples ocasiones me ha hecho reflexionar sobre la vida, el amor y la condición humana, sobre el poder de los sentimientos y cómo estos pueden originar cosas tan bellas y maravillosas a la vez que siniestras.

"El ser humano, en su eterno empeño de no respetar al prójimo, seguía guiándose por los mismos impulsos mezquinos que regían su comportamiento desde el principio de los días".

No sé si habréis sufrido la real ausencia de alguien, seguramente sí, ya sea por la muerte o el abandono. Definir lo que se siente cuando ocurre es difícil, pero está perfectamente plasmado en otra de las grandes frases de esta obra:

"Su ausencia se había convertido en un agujero negro que lo succionaba todo a su alrededor".

Cuando leí aquellas palabras me dije que no podría haberlo expresado mejor. Fijé con la mirada un punto en el vacío y visualicé aquel agujero negro que lo arrastraba todo hacia él, incluida yo. Es exactamente lo que genera la ausencia, un agujero negro que te absorbe y te arrebata una parte de ti que jamás volverás a recuperar.



Pero, ¿quién demonios es G. G. Velasco? Llegué a su página Web por casualidad, aunque no creo en las casualidades, a raíz de un Tweet, y enseguida me hizo gracia esto: "Si creías que en Internet no cabía un escritor independiente más, lamento decirte que estabas equivocado...". Desde luego, pensé, no sé cuántos autores autopublicados habrá, pero si nos pusiéramos uno a continuación del otro con certeza podríamos dar la vuelta al mundo, y más de una vez. ¿Por qué cuento esto? Porque desde aquí quiero transmitirte un mensaje, querido Velasco: ¡No eres uno más del montón! Destacas por tu talento tanto como un súbito fulgor en la oscuridad absoluta, una luz cegadora que ha modificado mi visión del mundo.

Ya os dije cuál iba a ser la línea de esta reseña, loas, alabanzas, elogios, encomios, ¡sí!

Una última cosa para acabar...

Encontré este haiku, también en su Web, con el que hábilmente se describe:

Soy lo que vi

Vi lo que quería ser

El tiempo pasa